El papel resiste y evoluciona

Bill Gates no siempre acierta. El hombre más rico del mundo y un visionario de la tecnología indicó hace ya más de una década que a estas alturas el papel habría desaparecido del uso corriente.

Llego Internet y los periódicos y revistas comenzaron a temblar porque, efectivamente, sus ventas caían estrepitosamente. De forma paralela, los ebooks hacían acto de presencia y es cuando creímos que deberíamos decir adiós a los libros de papel y darle la razón a Gates. Pero no fue así.

El mundo se ha transformado, por descontado, pero el papel resiste como formato y se demuestra absolutamente insuperable. Eso sí, necesita de cierta evolución que recientemente ha podido experimentar y que, por supuesto, seguirá protagonizando en los próximos años. Es decir que el papel no desaparecerá, pero sí que cambiará tal y como lo conocemos.

El primer gran caso de evolución lo personifican los ebooks. Estos dispositivos de lectura digital no se han convertido en una alternativa al papel tradicional, sino en un formato único, que gusta a algunos y no gusta tanto a otros. Es algo completamente normal.

Hay quien prefiere el libro de toda la vida, hay quien escoge la opción digital, por comodidad, economía o simplemente preferencia personal.

Lo vemos también con el papel reutilizable. Unos desarrollos recientes plantean la posibilidad de reimprimir el papel varias veces o incluso de forma indefinida, de manera que los textos se convierten en un elemento temporal y el papel se ofrece como un formato que puede ser útil en múltiples ocasiones con nuevo contenido.

Esto nos deja claro varias cosas. Una de ellas es el hecho de que la lectura digital ha llegado para quedarse, pero no para quitarle el puesto al papel, sino como una nueva opción para los usuarios y lectores.

Por otro lado, que el papel seguirá con nosotros mucho tiempo más. Pero quizás se desarrolle de forma más tecnológica, algo que sería la evolución lógica, entre otras cosas porque la Naturaleza así lo necesita.

Ahora bien, ¿cuánto costará ese papel o la tinta con la que se rellena cada vez? Esperemos que lo menos posible, ya que la relación precio-unidad está siendo uno de los principales problemas del papel tradicional, así como también de la tinta de impresión actual, pero encarecerlo sería complicar todavía más su comercialización, que eso sí está fuera de toda duda, hoy en día es más difícil que hace 10 años.

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