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¿Por qué nos volvimos locos sin WhatsApp?

Eran las 21:00 horas del 4 de mayo y el mensaje se quedó sin enviar. Como sucedió a millones de personas en todo el mundo al mismo tiempo, pensé en que fallaba la cobertura o la conexión de mi teléfono móvil.

Al cabo de unos minutos, confirmé con otras personas que estaban a mi alrededor que el sistema de mensajería utilizado por 1.000 millones de usuarios activos en todo el planeta se había caído.

La situación volvió a la normalidad a la una de la madrugada (hora peninsular). Y obviamente se sucedieron todos los mensajes de WhatsApp en cola, junto a otros celebrando la renovación del servicio.

Me hizo pensar, para quienes vivimos una vez una era en la que no existía la telefonía móvil, qué pasaba cuando se iba la luz y el teléfono no funcionaba. El recuerdo me vino al instante. No pasaba nada. Absolutamente nada.

El teléfono no era una preocupación porque el contacto con nuestros conocidos no era constante. Ahora sí. Ahora me escribo con amigos de la infancia, con los que recuperé contacto gracias a Facebook, propietaria de WhatsApp, prácticamente a diario.

No me sorprende el cambio evolutivo de la sociedad en el terreno de las telecomunicaciones, lo que realmente me impacta es que, tras pasar este suceso, uno analiza y piensa que tenía más métodos para comunicarse con los demás.

El teléfono obviamente, seguía funcionando. El teléfono fijo, quien aún lo tenga, no guarda ninguna relación con el suceso. Incluso existe Telegram, Facebook Messenger, Skype. Pero la mayoría prescindimos de ellos.

Es este detalle el que me ha motivado a preguntarme por qué la caída de WhatsApp casi eliminó por completo el contacto, al menos inicialmente, entre millones de usuarios, teniendo otras opciones disponibles.

Se me ocurren varias respuestas.

En primer lugar, la telefonía fija ha quedado en un valor residual. Una lástima porque el mercado ahora ofrece unos innovadores teléfonos fijos o inalámbricos, que os aconsejo que algún día admiréis.

El ordenador portátil, más aún el de sobremesa, han dejado de ser útiles para la comunicación diaria, por lo que los programas de escritorio de mensajería no son tan utilizados y los sectores audiovisuales y gaming son los que realmente le sacan rentabilidad.

Por último, queda patente el dominio de la telefonía móvil en nuestra comunicación social. Pero más claro aún, la importancia de la comunicación por datos, que cada vez supera con más interés a la comunicación por voz, algo que ya saben de sobra las operadoras de telecomunicaciones.

Por suerte, WhatsApp volvió. Esperemos que no vuelva a irse nunca más.

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