¿Sobrevivirán los PC al siglo XXI?

Estos días hemos celebrado (yo también) el 35 cumpleaños del primer PC que salió al mercado. Cuando digo PC me refiero a “personal computer”, el modelo de ordenadores personales que se puso a la venta con el fin de cambiar la situación que limitaba los ordenadores a grandes construcciones que ocupaban impresionantes estancias de las empresas más punteras tecnológicamente en los 70, más cercanos a la NASA que a las pymes actuales. Leer más

¿Miedo a la tecnología del futuro?

No viví la época del nacimiento de las televisiones, pero conozco el temor generado por esa “extraña” tecnología que hizo que los edificios se llenasen de antenas. Una modificación de la sociedad a esta escala hizo mella en la época en la que satélites, antenas y radiación eran considerados parte de un todo único. George A. Romero se inspiró en esa situación de terror para crear en 1968 el film La noche de los muertos vivientes, arquetipo de zombies que sigue siendo tendencia hoy en día, aunque ya no se vincula su existencia a las antenas de televisión o a un satélite radioactivo.

Si bien, televisión y zombies ahora son grandes amigos, el miedo por la tecnología permanece en otros ámbitos. Parece como si cualquier avance hacia lo desconocido sea al mismo tiempo fascinante y aterrador.

Estos últimos días el miedo lo ha transmitido el sector del automóvil, con el accidente del coche autónomo de Tesla que se ha cobrado la vida del conductor. Los medios de comunicación se han volcado en la noticia, no sólo por el hecho de ser el primero de este tipo de accidentes, que todo el mundo querría que fuera también el último, sino también en los supuestos que podrían presentarse en un futuro cercano.

¿Qué hubiese pasado si hubiera habido otra víctima en el otro vehículo, en este caso un camión? ¿O si se hubiera atropellado a un viandante? La ley no está preparada para ello. El mundo no está preparado. Y eso causa auténtico pánico.

A esta noticia, casi semanalmente, aparece una quejas o delito relacionado con drones. Los aviones echan en cara la aparición de drones por su trayectoria, algunos con necesidad de esquivarlos. ¿Qué sucedería si un avión con cientos de pasajeros se estrellase porque un dron se le ha aparecido por en medio?

El miedo a la tecnología no sólo es natural, es algo necesario. Debemos conocer nuestros límites y el de los dispositivos que creamos para conseguir una convivencia en sociedad de la mejor manera posible y, sobre todo, cubriendo todos los supuestos de riesgo existentes.

No sólo en cuanto a dispositivos autónomos, sino también con móviles que explotan, con ordenadores que se prenden fuego, con consolas que crean adicción. Tan responsables somos de crear la mejor tecnología que nuestra mente y nuestros recursos nos permitan, como también de aprovecharla con conciencia y prevenir cualquier riesgo que veamos, de forma lógica, como algo posible. El respeto a la tecnología, nos permitirá aprovecharla todavía más.

Seguimos sin poder utilizar los 5 sentidos con la tecnología

Soy un entusiasta de la tecnología, todo el mundo lo sabe. Pero también me gusta poner los pies en el suelo y reconocer nuestras propias limitaciones como desarrolladores. Por esa razón cuando algunos soñadores comparan el poder de la Naturaleza con el de la tecnología que hemos creado, me gusta constatar una terrible verdad y es que seguimos sin poder utilizar completamente los 5 sentidos con la tecnología.

Un oído limitado

El sentido más desarrollado es del oído y muchos genios de la innovación siguen presentando maneras para obtener una mayor calidad de sonido, intentando acercarse todo lo posible al sonido que el entorno nos ofrece. La radio fue un buen comienzo y actualmente disponemos de auriculares inalámbricos conectados por Bluetooth o Wifi a Internet, pero aún queda camino por recorrer.

Sin pestañear

La vista es uno de los mayores engaños en cuanto a aprovechamiento de la tecnología. La experiencia de una visión de 360 grados la estamos comenzando a disfrutar ahora y la tecnología 4K apenas llega a parecerse a la imagen real. Dicen que conforme se vaya desarrollando el 8K y consecuentes resoluciones, al final se captará una imagen idéntica a la real. Es posible que nuestra generación alcance a verlo.

Tocar lo intangible

El tacto también aprovechará la realidad virtual para conseguir representarse digitalmente. Lo intentamos con sensores de movimiento que ofrecían una experiencia única, pero de ahí a notar cómo nuestro cuerpo entra en contacto con algún objeto digital, estamos a muchísima distancia de conseguirlo.

Mal sabor de boca

El sentido del gusto es el gran olvidado y no precisamente porque suponga de un bajo rendimiento comercial. Cuánto le gustaría a responsables de restaurantes una cata digital para sus usuarios y futuros clientes. Pero no existe ninguna tecnología que esté pensada para representar este sentido y lo peor de todo es que parece que a corto plazo no se pretende obtener nada parecido.

Un olor embriagador

El olfato, sin embargo, está teniendo más suerte. Al parecer algunos desarrolladores son capaces de simular los componentes que genera el olor y ya están comenzando a adaptarlo en todo tipo de dispositivos tecnológicos. Pese a que la teoría es antigua, la práctica no ha tenido lugar hasta los últimos años, por lo que podría ser el nuevo sentido que entrase de pleno en el siglo XXI, si al final los fabricantes le encuentran una rentabilidad más allá de la mera curiosidad.

¿Por qué es lógico que una báscula se convierta en sistema de monitorización multimedia?

Lo cierto es que el peso no me obsesiona. El estrés que supone seguir informado de todas las tendencias tecnológicas que surgen y desaparecen a un ritmo muy superior al que nuestro smartphone 4G nos permite seguir, consiguen quemar las suficientes calorías de mis músculos como para no tener que someterme a las limitaciones en carbohidratos o proteínas.

Sin embargo, eso no ha restado ni lo más mínimo mi interés cuando he conocido el nuevo proyecto de la empresa Withings y no sólo por estar ahora mismo en propiedad de Nokia. Se trata de una báscula, así de “sencillo” a primera vista, sólo que esconde detrás muchísimo más a nivel digital.

Lamentablemente para quien esté pensándolo, esta novedad tecnológica no ayuda a reducir el peso, al menos de forma directa. Su nombre es Body Cardio y tiene un “hermano pequeño” que se llama Body y que no incluye las funciones relacionadas con el ritmo cardíaco.

Efectivamente, lo sorprendente de esta báscula es el hecho de que contiene mucho más en su sistema interno y lo hace a dos niveles, por un lado como mecanismo informativo y, por otro lado, como entorno de monitorización multimedia sincronizado a nuestro teléfono móvil a través de una app.

Así pues, Body Cardio y Body nos informan no sólo de nuestro peso actual, sino también de nuestra masa muscular, algo realmente útil sobre todo para los deportistas. Nos indica el nivel de agua en el cuerpo porcentualmente hablando, cuánta proporción de musculatura ofrece nuestro cuerpo, el ritmo cardiaco en ese momento, obviamente medido a través de nuestras pulsaciones corporales y, finalmente, el tiempo que hace en temperaturas máximas y mínimas, que siempre viene bien.

Los datos registrados se completan con un contador de pasos desde el teléfono móvil que se conecta a la información recabada por la báscula para contrastar resultados y, finalmente, la presión sanguínea por si es un factor que queremos monitorizar. ¿Quién no querría?

Lo mejor de todo es que, igual que el resto de sistemas de monitorización, los Body de Withins consiguen a través de la app medir y comparar la evolución de cualquiera de los valores registrados a lo largo del tiempo. En cuestión de peso es algo bastante útil, dado que podemos ver las oscilaciones de nuestro peso en función de si la dieta funciona o realmente nos la saltamos. Del mismo modo, el resto de valores nos ayuda a mantener una vida más sana y equilibrada físicamente, a nivel de grasa, músculo, latidos del corazón… Y todo desde una báscula.

Pequeños microinfartos tecnológicos

En los medios de comunicación me llama la atención ver cada vez con mayor frecuencia historias humanas sobre personas que superan los 100 años. Curiosamente muchas de estas personas valoran por encima de todo estar con sus descendientes más recientes, los niños, bebés si puede ser, mejor.

Además de la ternura que todo pequeño puede transmitir, hay una razón científica para ello, la ausencia de estrés. Las personas aumentan las responsabilidades y problemas conforme avanzan en la edad. Pero además del estrés provocado por la socialización con otras personas, me parece también curioso el estrés provocado por incidencias tecnológicas. Los mal llamados microinfartos tecnológicos.

El más común y, al mismo tiempo, surrealista, es cuando no se encuentra el teléfono móvil. El 99% de las veces no se ha perdido, incluso está en el bolsillo o bolso donde se ha mirado demasiado rápido y nunca se había movido de allí.

Siendo existenciales, se trata “sólo” de un móvil, por lo que este estrés está injustificado como algo en teoría vital para nuestra salud. Sin embargo, está más justificado cuando ese dispositivo te ha costado varios cientos de euros (puede que incluso más). Las compañías están desarrollando lo más deprisa posible sistemas de geolocalización para solucionar estos problemas, pero si la gama media crece a un ritmo imparable es precisamente porque los usuarios buscan cada vez más tener las mejores prestaciones pagando menos por ello, aunque la marca serigrafiada en la cubierta sea menos conocida.

Otro microinfarto digital vivido hace poco en mi persona fue abrir el portátil y encontrarme la pantalla rota por dentro. Es algo que jamás había visto y que por lo que me han contado es muy infrecuente, así que fue un caso aislado que no se volverá a repetir. A las dos semanas tenía una pantalla nueva, aprovechando la velocidad y eficiencia de una empresa de servicio técnico local y comprobando que, incluso en ordenadores portátiles, siempre hay una solución a un dispositivo que se estropea.

Este sentimiento debe cambiar. O en el futuro no habrán más noticias de personas que han superado los 100 años. Creo haber encontrado una fórmula para ello. En primer lugar, adquirir productos tecnológicos acordes a nuestras capacidades. En la actualidad muchos de estos dispositivos ofrecen prestaciones sobresalientes y lo hacen a un precio realmente competitivo. Siempre está bien tener lo mejor y lo último, pero cuando no sea un verdadero sacrificio a la economía familiar. Y, por otro lado, hay que pensar que son objetos tecnológicos, que se estropean, que tienen una vida y capacidades limitadas y que, cuando no se pueden arreglar, la solución puede ser comprar un producto nuevo. Al fin y al cabo, es una de las razones por las que tiendas como MyTelecom tienen cada vez más clientes.

¿Por qué los jóvenes españoles no son emprendedores?

Leí la noticia del estudio realizado para Educa 2020, “Radiografía de la universidad española: liderazgo emprendedor e innovación en la universidad española”, que han realizado magistralmente la Fundación AXA en colaboración con una empresa demoscópica y no puedo evitar comentarla.

En este informe, queda patente, que los jóvenes españoles (el estudio se ha hecho sobre una muestra de poco más de 5.000 estudiantes universitarios o de formaciones profesionales especializadas) no tienen el objetivo de ser emprendedor como principal objetivo profesional. ¡Y no me extraña!

Ser emprendedor en España no es precisamente fácil. El emprendedor tiene una siempre una iniciativa constante, siempre está pensando en nuevas ideas, nuevos proyectos y estudios que le permitan conocer cómo evoluciona el sector (o sectores) que más le interesa. Sin embargo, eso no significa que pueda llevarlos adelante, por las complejas y cuantiosas dificultades que hay en este país para abrir una tienda, iniciar un negocio y, una vez conseguida esta titánica hazaña, mantenerlo todo a flote. Ya en el horizonte se plantea el sueño de incluso obtener beneficios con ello.

Estas son las cifras del informe:

– Interesados en crear una empresa propia: 18,8%

– Con voluntad de ser autónomos: 3,4%

Y con respecto a otras facetas profesionales:

– Conseguir una plaza como funcionario: 25,2%

– Entrar a trabajar en una multinacional: 22,6%

– Entrar a trabajar en una PYME: 11%

Ojalá los responsables del Gobierno (cuando tengamos la suerte de contar con uno que no esté en funciones), vean con detenimiento este significativo informe y tengan claro la principal preocupación del joven español, ¡la estabilidad! Los jóvenes ya no buscan un negocio que les dé cantidades millonarias de beneficios, prefieren una plaza pública que les asegure un sueldo mensual.

No deja de ser extraordinariamente responsable por parte de los jóvenes de esta nueva generación, pero también una lástima que la situación económica actual les impida soñar con otra vida que no sea trabajar en una oficina administrativa pública.

Muy significativo también es el hecho de que un buen porcentaje quiera trabajar en una multinacional. Esto también refleja el deseo de muchos de formar parte de una empresa que tenga proyección internacional, en otras palabras, que puedan emigrar a otro país donde se viva peor.

Mala situación de perspectiva de futuro para los jóvenes españoles, teniendo en cuenta que esta es la proporción de aquellos que sí podrán decidir su futuro. Esperemos que la normativa de ahora en adelante permita rebajar las dificultades a los emprendedores que nacen con ese espíritu y motive a aquellos que, con el paso del tiempo, descubre que son uno de nosotros.

Defensa de la importancia de las bolsas de transporte

Valga el siguiente artículo para defender algo que la gente maltrata, infravalora y sin embargo necesita de forma imprescindible, las bolsas de transporte. Me refiero por descontado a las que están especialmente desarrolladas para los ordenadores portátiles (aunque cualquiera relativa a un dispositivo tecnológico me serviría).

Recientemente recibí el regalo de una bolsa de transporte para uno de mis ordenadores portátiles más recientes, el Asus N751 de 17,3″ que adquirí estas Navidades en una importante oferta. Tenía un grave inconveniente con este “portátil” de gran tamaño y es que no encontraba una bolsa o funda en la que cupiese y que permitiera su transporte tanto de forma cómoda como segura (además de ser grande también es muy valioso).

Por fin tuve el privilegio de contar con una bolsa de transporte y pensé que no le damos la importancia a un accesorio sin el que no podríamos, por ejemplo, sacar nuestro ordenador portátil de casa y llevarlo a la oficina, a casa de un amigo o a la cafetería de nuestra calle donde tienen Wifi y podemos navegar tranquilamente mientras disfrutamos de un delicioso croissant junto a un café con leche.

Pero aparte de que los usuarios deberíamos tener un poco más de preocupación por estos accesorios, también me paré a pensar cómo debería ser una bolsa de transporte realmente. Y me di cuenta de que hace falta conjuntar para hallar esta respuesta dos variables, la personalidad del usuario y la necesidad del transporte.

Los usuarios pueden ser serios oficinista a estudiantes que están de vacaciones, amantes de la playa o fervientes defensores del fútbol… Cada uno querrá llevar un estilo de bolsa de transporte diferente. Aquellos que deseen transmitir su propia personalidad, seguro que escogen un accesorio identificativo de su equipo favorito o del lugar de sus sueños. El resto puede que piense entre un diseño demasiado formal para el uso entre amigos o demasiado informal como para llevar a una presentación profesional.

Aparte también está el tema de las necesidades del transporte. En mi caso siempre lo llevo al máximo, esto es, un ratón auxiliar, alfombrilla para asegurar una superficie deslizante, cargador con cable por si puedo enchufar el ordenador a la electricidad, papeles varios tanto profesionales como alguno personal que siempre llevo encima y otros elementos que necesito para mi trabajo, desde bolígrafos hasta tarjetas de presentación y USBs.

Lo que busco por tanto en una bolsa de transporte es que sea holgada, sin por ello sacrificar la sujección del portátil, que tenga muchos compartimentos y que su estilo sea neutro con cierto tono positivo, pues la mejor forma de hacer negocios es aportando una nota alegre.